Pulseras antiguas

El uso de las pulseras es casi tan antiguo como la historia de la humanidad. Las piezas más antiguas son de procedencia Sumeria, pueblo de la Mesopotamia asiática al que se le adscribe también la invención de uno de los primeros sistemas de escritura, la escritura cuneiforme, compartida también por Asirios y Caldeos. Se estima que estas pulseras extirían desde alrededor de 3 siglos aC, los hallazgos generalmente pertenecieron a lo que se supone fueron tumbas reales.

También los Egipcios, unos cinco siglos después de los Sumerios, tuvieron las pulseras como una de las joyas privilegiadas. Fue con los Faraones y las prácticas religiosas de aquel pueblo, que pulseras y una gran variedad de joyas fueron además, investidas con mágicos poderes y adquirieron el carácter de amuletos con gran eficacia para ofrecer protección y como símbolo de prosperidad tanto en la vida terrenal como en el más allá, puesto que consideraban que después de muertos tenían otra forma de existencia y allí también se valían de todas sus riquezas.

Otra civilización, pero más acá en tiempo, la griega también tuvo pulseras como accesorio típico, no obstante en ella, fue entre los hombres que su uso fue ampliamente difundido, los soldados por ejemplo, usaban pulseras de cuero decoradas habitualmente con oro, plata o piedras preciosas, allí tiene su origen el legendario brazalete, una especie de pulsera más ancha que usaban como protección en  el antebrazo.

Las pulseras fueron en todos los tiempos un accesorio muy popular, a diferencia de otras joyas que fueron de acceso más restringido, accesible según el rango social. Con las sociedades fueron cambiando las pulseras, sus diseños, sus usos y costumbres. Según la ocasión también, como ya observamos con los egipcios, la pulsera fue alternando entre ser un singular accesorio de belleza o un talismán con poderes extraordinarios.

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