Historia de pulseras

Según la gran diversidad de culturas, el status de la pulsera fue alternando de reinas a mendigas y viceversa pero sus diseños y estilos se reciclan periódicamente o inspiran las modas de todos los tiempos.

La pulsera es una joya de origen incierto, ya que es posible rastrearla en todas las civilizaciones antiguas occidentales, remontándose aún más allá de los egipcios (no así sin embargo en las orientales donde la austeridad era impuesta por los gobernantes, por lo que carecieron de ornamentos de este tipo).

En Roma, pulseras y brazaletes fueron joyas muy populares. Los romanos fueron unos prolíferos diseñadores de joyas y uno de sus elementos preferenciales fueron las piedras preciosas y el vidrio. Son legendarios en este estilo las joyas de la época Carolingia. Más tarde la supremacía pasará a los franceses… donde perderá el carácter artesanal que gozaba hasta entonces para dar paso a una incipiente industria joyera. Los franceses se hicieron renombre con pulseras, brazaletes de oro e impusieron el uso de numerosas pulseras. Oro y diamantes fue la combinación favorita.

Recién se alternaría este estilo en la época victoriana, donde además se impusieron los conjuntos combinados entre pendientes, pulseras y dijes y los ornamentos para el cabello como parte del ornamento femenino. Este estilo será renovado a su vez por lo que conocemos como época del art nouveau, caracterizado por la abundancia, figurabilidad y motivos naturales. Todo tipo de animales se entrelazaron a las pulseras Tous, mariposas, serpientes, cisnes.

Sin embargo fue a comienzo del  siglo XX (décadas del 10 a 20), en que la moda femenina lleva a cabo un giro importante que nuevamente pulseras y brazaletes recobran todo su esplendor y entran en escena, inspiradas por el uso de las mangas cortas y vestidos sin mangas.

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