Entre mitos y leyendas de pulseras

Cualquier tema es una buena razón, cuando la inspiración acecha. Las joyas, mitos y leyendas en torno a ellas no es un tema menor en la literatura. Anillos, pendientes, pulseras misteriosas, con extraños conjuros. Abundan estos ejemplos, que desbordan por la simpleza de sus motivos y muestran que tanto para la inspiración y como para el hambre “no hay pan duro” (refrán popular: “a buen hambre no hay pan duro).

Haciendo un repaso literario la lista es extensa, Pablo Neruda por ejemplo en sus magníficas Odas elementales, más atrás en el tiempo, Gustavo Adolfo Bécquer o las “Mil y Una Noches”, todos ellos patrimonio de la Literatura Universal.

Bécquer además, demuestra que su pluma romántica da para todo… tanto por la historia que monta en torno a una pulsera de la virgen (de la Virgen del sagrario de Toledo supuestamente), como, por la carga poética que tiene la historia de Pedro y María en la leyenda “La ajorca de oro”. Rescatamos además en uno de los tramos de la introducción a las leyendas que hace el escritor sevillano, lo que sería algunas de las razones a las que aludimos en nuestro refrán: “y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar, mi musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándola de creaciones sin número, a las cuales ni mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma.

También en torno a una pulsera y con gran ingrediente fantástico propio de las historias de Schehrazada, en las Mil y una noches, durante la noche 883, nos sumergimos en una historia de amor y pulseras que juega ingeniosamente el destino de las tres hermanas hilanderas en “La pulsera en el tobillo”.

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